(...) y ahora que sin ser cínica porque nunca ha ido bien del todo eso conmigo, sí soy en cambio ligera, y no densa ni sensiblona (...)
Fragmento de un texto fantasma, mío, pseudo epistolar, que fue escrito, se supone, para alguien que no quería leer lo que yo iba a enviarle. Iba a decir acá que a veces, cuando leo lo que he escrito, ni yo misma entiendo qué diablos habré querido decir... pero se puede suponer, un poco... como si se tratase de Otra que escribe y yo fuese exactamente ese alguien-que-no-quiere-leer-lo-que-Yo-le-envío. Porque lo soy, también. No siempre deseo leer lo que sea difícil de digerir. Y menos si me lo envía alguien que no sé quién cuernos es. Creo que sucede esto, en general, con la escritura. Sabiendo esto, no está el problema en que esa Yo que escribe y la que luego lee lo escrito queden lejanas. Podría decirse que estoy acostumbrada a eso, e incluso es necesario. Pero ya cuando empiezo a nnno comprender nnni jota qué-demonios-esa-loca, no es que me preocupe... me desespero.
Igual ahora puedo darle un tinte como de títeres del Absurdo, así:
ahora cínica sin ser
nunca ha ido bien eso del todo
conmigo sí —dijo uno
conmigo en cambio —dijo el otro
no densa ni sensiblona ligera sí
Porque si no, sin títeres, así a secas... ¿qué es esto de definirse, y encima, en términos de peso y levedad? ¡Daaaale! ¿cuántas veces al día pasás el peso? Me hace acordar a las clases de Entrenamiento Corporal para Actores, en todo caso; las que dictaba el profesor Armando S.
Y esas clases, ¿quién las habrá tomado? ¿habrá sido mi cuerpo el que se deslizaba en los Tres Niveles, al ritmo de la música que el bailarín imponía?